Unidad Canina

El perro de rescate se utiliza para detectar la presencia de personas sepultadas bajo escombro (terremotos), avalancha de barro (riadas) o de nieve (aludes), incluso para localizar personas que se han perdido en campo abierto.

La creencia general es que el perro busca el rastro de la persona, pero en situaciones como las descritas anteriormente esto no sería posible, ya que es muy probable que no exista rastro alguno y aunque lo hubiera, la presencia de personas tras los primeros momentos de la tragedia, impedirían enormemente la tarea.

Es por esto que se entrena a estos perros a “ventear”, que no es otra cosa que oler el aire para poder detectar partículas de olor humanas. De esta manera y con un entrenamiento férreo y continuado, el perro aprende a localizar estas partículas y a discriminar el olor de las personas que se encuentran en la superficie, dedicándose exclusivamente a buscar el de aquellas a las que no puede ver.

Cuando el perro ha localizado el foco de olor, deberá avisar a su guía, ladrando y sin moverse del lugar. Una vez localizado el punto exacto, se retira al perro para proceder con los equipos de desescombro.

Durante el entrenamiento, el perro aprende a asociar que la víctima es igual a un premio, lo que más le guste. Él no va a distinguir si se trata de un entrenamiento o de una situación real, simplemente hará su trabajo para obtener el premio.

Un perro de salvamento necesita de uno a dos años para estar operativo, pero después deberá seguir un estricto programa de entrenamiento durante toda su vida de trabajo.